"Íntima intención (obra para piano)", por Guillermo Alonso Iriarte


Hoy en día, cuando más que nunca se encuentran en oposición el mundo musical culto y el popular, cuando la sociedad aparenta conformarse con productos de radiofórmula que sólo responden a una exigencia utilitarista y transitoria, al propósito de garantizar una novedad fácilmente suplantable, al tiempo que los autores mejor formados experimentan ajenos a su entorno con entelequias y cábalas de un pitagorismo especulativo que poco tiene que ver con el anhelo por comunicar las verdades esenciales (aquello que entendíamos por Arte), sino que parece responder a un mal disimulado complejo de inferioridad ante la ciencia, he sentido desde mis inicios la necesidad de basar los planteamientos estéticos que defiendo en algo así como una «estilización de las músicas de masas», considerando al rock-pop como ese folclore desde el que poder partir hacia horizontes sonoros más sublimados.

Un folclore conservador, por su dependencia del mercado, lo cual augura su integración en nuestra sociedad, al tiempo que lo convierte en idóneo vehículo para remitir el resultado a la actualidad contemporánea. Esto no es algo tan raro: Chopin manipulaba los diseños belcantistas; Beethoven se valía de marchas militares para conferir solemnidad a sus tiempos finales; Schubert se ayudaba del aire de los Ländler austríacos… y ahí están un Ravel o un Gershwin con tantos giros jazzísticos en su obra, o nuestros nacionalistas españoles reelaborando las esencias del Cante Jondo.

Y en todos los casos, aquello sobre lo que tales compositores basaban su inspiración no era «excesivamente» valorado, como ahora no lo es el rock-pop entre nuestro público de conciertos; quiero decir, los artistas flamencos del concurso de Granada de 1922 no gozaban del predicamento de sus colegas actuales; el jazz es hoy día un género de culto, pero Cortázar no escribió Rayuela en 1865, ni en Alabama o en la Georgia algodonera; las marchas militares del ejército napoleónico no se oían en el Austerlitz de 1805 con especial deleite… Así que cuando se dice que asistimos a un «embrutecimiento» de la sensibilidad artística merced a la música amplificada de condición urbana, lo que bien puede suceder es que nos falte la perspectiva histórica para valorar el contexto.

Mi posición es que lo que para algunos supone una simplificación abusiva de nuestro pasado musical permite, precisamente, una muy saludable renovación de la sintaxis tonal dada la escrupulosa depuración de las relaciones armónicas que conlleva. Y el ejemplo más conspicuo lo encontramos en el profuso empleo de acordes en estado fundamental sin apenas vínculo diatónico alguno, dentro de esos diseños centrípetos tan característicos de los acompañamientos de cantautor. Teniendo en cuenta lo excepcional de las premisas que nutren mi lenguaje, y viéndome ya como un outsider dentro del panorama de la creación contemporánea, he juzgado prudente circunscribir aquellas plantillas instrumentales para las que he venido escribiendo a formaciones en las que yo mismo pudiera participar, de ahí la presencia abrumadora del piano.

A pesar de este «espléndido aislamiento», siento enorme gratitud hacia ciertos solistas singulares (en todos los sentidos) que a la hora de apreciar esta música nunca dudaron en hacerlo por lo que es. Su apoyo dio fuerza a las tesis que acabo de exponer y permitió que mi propia interpretación se enriqueciera. Para Maria João Pires, Andrei Gavrilov, Javier Perianes, Guillermo González, Ángel Luis Castaño, David Alonso Serena, Manuel Escalante, Mariana Gurkova, José Luis Porras y Rosana Garay vaya mi más profundo reconocimiento.

Quisiera por último cerrar este texto con las animosas palabras que un 25 de agosto de 1999 recibí de nuestro difunto Xavier Montsalvatge, extraordinario compositor y hombre bueno, quien aceptó guiar mis pasos a través de una correspondencia que conservaré como regalo y tesoro durante el resto de mis días. Evocar su testimonio ennoblece este disco: «Prescindo de todo al aproximarme a la música. Y al hacerlo a la suya, por encima de sus reglas formales, me dejo llevar por lo que tiene de inafectada, instintiva, explícita y de tanto valor comunicativo.»

------------------------------------------

At the present moment, when the worlds of so-called serious and popular music are more at odds with each other than ever, when society seems willing to accept any transitory product (formulated in response to the demands of utilitarianism) with the aim of creating easily replaceable novelties, when more highly trained creators, isolated from such an environment, experiment with Pythagorean-based theories and speculations that have little to do with the desire to communicate the essential truths (what we understood to be Art), but rather appear to be the result of an inferiority complex in the shadow of science, I have always felt the need to base my aesthetic approach on something that could be described as a «stylization of the music for the masses», with rock-pop as the folklore that constitutes a starting point towards more sublimated musical horizons.

Indeed, it is a conservative folklore, due to its dependence on the markets, which augurs both its integration into society and its status as a perfect vehicle for reflecting present-day reality. This, however, is not so unusual: Chopin manipulated the gestures of Bel Canto; Beethoven used military marches to confer solemnity on last movements and Schubert made use of Austrian Ländlers. There were also Ravel and Gershwin with frequent jazz features in their music; and our own Spanish composers reworking the essences of Cante Jondo (a slow, deeply-felt type of Flamenco song).

In all cases, the music on which such composers based their inspiration was not «very highly» valued, just as today’s rock-pop is not particularly appreciated by our classical music audiences. What I mean is that the artists who participated in the 1922 edition of Granada’s Flamenco competition, for example, did not enjoy the prestige their colleagues do today. Jazz is now considered to be a sophisticated genre, but Cortázar did not write Rayuela in 1865 or in the cotton plantations of Georgia or Alabama, and in Austerlitz, in 1805, the military marches of Napoleon’s army were not perceived with particular delight… So when we are told we are experiencing a «numbing» of our artistic sensibilities due to amplified urban music, we may indeed lack a historical perspective to analyze the context.

I believe that what some consider an abusive simplification of our musical past actually allows for a healthy renewal of tonal syntax, in view of the scrupulous refinement of inherent harmonic relationships. The most obvious example is the frequent use of root-position chords (with hardly any diatonic connection between them) in the centripetal designs that are so characteristic of singer-songwriter accompaniments. Given the atypical nature of the premises that nourish my musical language, and the fact that I view myself as an outsider in the context of contemporary musical creation, I thought it prudent to limit the instrumentation of my compositions to formations in which I myself could participate; hence the ever present piano.

Despite this «splendid isolation», I feel enormous gratitude towards certain exceptional (in the broadest sense of the term) soloists who have always appreciated my music for what it is. Their support reinforced my ideas, as already stated above, and made it possible for me to enrich my own performance skills. My most profound thanks go out to Maria João Pires, Andrei Gavrilov, Javier Perianes, Guillermo González, Ángel Luis Castaño, David Alonso Serena, Manuel Escalante, Mariana Gurkova, José Luis Porras and Rosana Garay.

I would like to conclude this short introduction with the words of encouragement I received from the late Xavier Montsalvatge (an extraordinary composer and an exceptional human being) on August 25th, 1999. He had consented to guide my musical progress by means of correspondence, the vestiges of which I will keep as a gift and a treasure for the rest of my days. To evoke his testimony honours the present CD: «I always approach music with a clear mind, and, in doing so, when listening to yours, beyond its formal rules, I just allow myself to be carried away by its genuine, instinctive, explicit and highly communicative quality».

------------------------------------------

CONTENIDO:

1-9. Nueve estampas naïves - in memoriam Michael Ende (23'57'')

     I. (2'54'')
     II. (2'23'')
     III. (2'10'')
     IV. (1'09'')
     V. (3'54'')
     VI. (2'17'')
     VII. (3'32'')
     VIII. (1'59'')
     IX. (4'39'')

10. Sonata do Nevoeiro - Além Do Cabo Da Roca
11. Añoranza de un solsticio (Nana)
12-15. Nocturnos nº 2, 3, 4 y 5

Cinco toccatas desde el término medio:

16. Radical (1'03'')
17. La Rayuela (1'09'')
18. Abacadenábaco (1'36'')
19. Autorretrato (1'08'')
20. Escheriana (2'18'')

1 CD - DDD - 57'55''

Fecha de publicación: 07/04/2010.
Intérprete: Guillermo Alonso Iriarte, piano.
Compositor: Guillermo Alonso Iriarte.

Escuchar: Spotify.
Comprar: AMAZON