Recital de piano con obras de Gurdjieff - Hartmann: quitar más que poner...



Domingo, 5 de octubre de 2014, 19:00h, Valencia, Sala Ruzafa 

Grabación histórica por el propio Hartmann, de aquella música que compuso junto a Gurdjieff  

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"Todo lo que usted llama arte no es sino reproducción mecánica, imitación de la naturaleza —
cuando no es de otros «artistas» —, simple fantasía, hasta ensayos de originalidad: todo esto
no es arte para mí. El arte verdadero es completamente distinto. En ciertas obras de arte, en
particular en las obras más antiguas, uno queda fuertemente impresionado por muchas cosas
que no se pueden explicar, y que no se encuentran en las obras de arte modernas. Pero como
uno no comprende cuál es la diferencia, la olvida muy rápido y continúa englobando, o todo
bajo la misma etiqueta. Y sin embargo, la diferencia entre su arte y el arte del que yo hablo es
enorme. En su arte, todo es subjetivo —la percepción que tiene el artista de tal o cual
sensación, las formas en las cuales trata de expresarla, y la percepción que tienen los demás
de estas formas. Frente al mismo fenómeno, un artista puede sentir de cierta manera y otro
artista de manera muy diferente. La misma puesta de sol puede provocar una sensación de
alegría en uno, y de tristeza en el otro. Y pueden tratar de expresar la misma percepción por
medio de métodos o formas sin relación entre sí; o bien, percepciones muy diversas bajo una
misma forma — de acuerdo a la enseñanza que han recibido o en oposición a ella. Los
espectadores, los oyentes o los lectores percibirán, no lo que el artista quiso comunicarles, ni
lo que él sintió, sino lo que las formas en que expresó sus sensaciones, les harán experimentar
por asociación. Todo es subjetivo y todo es accidental, es decir, basado en asociaciones — las
impresiones accidentales del artista, su «creación» (acentuó la palabra "creación") y las
percepciones de los espectadores, de los oyentes, o de los lectores.

"Por el contrario, en el arte verdadero no hay nada accidental. Todo es matemático. Todo
puede ser calculado y previsto de antemano. El artista sabe y comprende el mensaje que
quiere transmitir y su obra no puede producir cierta impresión en un hombre y otra totalmente
diferente en otro; naturalmente, que a condición de tomar personas de un mismo nivel. Su obra producirá siempre, con certeza matemática, la misma impresión.

"Sin embargo, la misma obra de arte producirá efectos diferentes en hombres de diferentes
niveles. Y jamás los de un nivel inferior sacarán tanto de ella como los de un nivel más
elevado. Este es el arte verdadero, objetivo. Tome por ejemplo una obra científica, un libro de
astronomía o de química. No puede ser comprendido de dos maneras: todo lector
suficientemente preparado comprenderá lo que el autor ha querido decir y lo comprenderá
precisamente en la forma en que al autor ha querido ser comprendido. Una obra de arte
objetivo es exactamente similar a uno de estos libros, con la única diferencia de que ésta se
dirige a la emoción del hombre y no a su cabeza.


—¿Existen en nuestros días obras de arte de este género? pregunté.

—Naturalmente que existen, respondió G. Una de ellas es la gran Esfinge de Egipto, lo
mismo que ciertas obras arquitectónicas conocidas, ciertas estatuas de dioses y aún muchas
otras cosas. Ciertas figuras de dioses o de héroes mitológicos pueden leerse como libros, no
con el pensamiento, lo repito, sino con la emoción, siempre que ésta se halle suficientemente
desarrollada. Durante nuestros viajes por el Asia Central, encontramos en el desierto, al pie
del Hindu Kush, una curiosa escultura que de primera intención creímos representaba a un
antiguo dios o a un demonio. Al principio no nos dio sino una impresión de extrañeza. Pero
muy pronto comenzamos a sentir el contenido de esta figura: era un gran y complejo sistema
cosmológico. Poco a poco, paso a paso, fuimos descifrando este sistema: estaba inscrito en su
cuerpo, en sus piernas, en sus brazos, en su cabeza, en su cara, en sus ojos, en sus orejas y por
todas partes. Nada había sido dejado al azar en esta estatua, nada estaba desprovisto de
significación. Gradualmente, se aclaró para nosotros la intención de los hombres que la habían
erigido. A partir de este momento pudimos sentir sus pensamientos, sus sentimientos. Entre
nosotros algunos creían ver sus caras y oír sus voces. En todo caso, habíamos captado el
sentido de lo que querían transmitirnos a través de miles de años, y no sólo este sentido sino
todos los sentimientos y emociones conectados con él. Esto sí que era verdadero arte."

Me interesó muchísimo lo que G. había dicho sobre el arte. Su principio de división entre arte
subjetivo y arte objetivo evocaba mucho para mí. No comprendía aún todo lo que ponía en sus
palabras. Pero siempre había sentido en el arte ciertas divisiones y gradaciones que no podía
llegar a definir ni a formular y que ninguna otra persona había formulado nunca. No obstante,
yo sabía que estas divisiones y gradaciones existían. De tal modo que todas las discusiones
sobre el arte que no las admitieran me parecían frases huecas, sin sentido e inútiles. Gracias a
las indicaciones que G. me había dado de los diferentes niveles que no llegamos a ver ni a
comprender, sentía que debía existir una vía de acceso a esta misma gradación que yo había
sentido, pero que no había podido definir.

En general, me asombraron muchas de las cosas dichas por G. Había allí ideas que no podía
aceptar y que me parecían fantásticas, sin fundamento. Otras, por el contrario, coincidían
extrañamente con lo que yo mismo había pensado, o reafirmaban los resultados a los que
había llegado hacía mucho tiempo. Sobre todo, estaba interesado en la contextura de todo lo
que él había dicho. Sentía ya que su sistema no era una marquetería como lo son todos los
sistemas filosóficos y científicos, sino un todo indivisible, del que hasta ahora yo no había
visto sino algunos aspectos.

Tales eran mis pensamientos en el tren nocturno que me llevaba de Moscú a San Petersburgo.
Me preguntaba si verdaderamente había encontrado lo que buscaba. ¿Era posible que G.
conociese efectivamente lo que era indispensable conocer para pasar de las palabras o de las
ideas a los actos, a los "hechos"? Aún no estaba seguro de nada y no hubiera podido formular
nada con precisión. Pero tenía la íntima convicción de que ya algo había cambiado para mí y
que ahora todo iba a tomar un camino diferente.


(...)


"Les recordaré primeramente que hay dos clases de arte, sin denominador común — el arte
objetivo y el arte subjetivo. Todo lo que ustedes conocen, todo lo que llaman arte, es el arte
subjetivo, que por mi parte me abstendría de llamar arte, porque reservo ese nombre para el
arte objetivo.

"Lo que llamo arte objetivo es muy difícil de definir, ante todo porque ustedes atribuyen las
características del arte objetivo al arte subjetivo; luego, porque cuando ustedes se encuentran
frente a las obras de arte objetivo, las sitúan al mismo nivel que las obras del arte subjetivo.

"Les voy a exponer claramente mi idea. Ustedes dicen: un artista crea. Yo reservo esta
expresión para el artista objetivo. Del artista subjetivo digo que en él «ello se crea». Pero
ustedes no diferencian; y sin embargo la diferencia es inmensa. Además, ustedes atribuyen al
arte subjetivo una acción invariable; dicho de otro modo, ustedes creen que todo el mundo reaccionará de la misma manera a las obras de arte subjetivo. Ustedes se imaginan, por
ejemplo, que una marcha fúnebre provocará en todos pensamientos tristes y solemnes y que
cualquier música de baile, una komarinski, por ejemplo, provocará pensamientos alegres. De
hecho, no es así. Todo depende de las asociaciones. Si sucede que oigo por primera vez un
aire alegre, estando bajo la impresión de un gran infortunio, este aire provocará en mí en
adelante y durante toda mi vida, pensamientos tristes y opresivos. Y si un día en que me
siento particularmente contento oigo un aire triste, este aire provocará siempre en mí
pensamientos alegres. Así en todo.

"Entre el arte objetivo y el arte subjetivo, la diferencia estriba en esto: que en el primer caso el
artista «crea» realmente — hace lo que tiene intención- de hacer, introduce en su obra las
ideas y los sentimientos que él quiere. Y la acción de su obra sobre la gente es absolutamente
precisa; ellos recibirán, cada uno según su nivel naturalmente, las mismas ideas y
sentimientos que el artista ha querido transmitirles. Cuando se trata del arte objetivo, no puede
haber nada accidental, ni en la creación de la obra misma, ni en las impresiones que ella
produce.

"Cuando se trata del arte subjetivo, todo es accidental. El artista, ya lo he dicho, no crea; en él,
«ello se crea por sí solo». Lo que significa que tal artista está en poder de ideas, pensamientos
y humores que él mismo no comprende y sobre los cuales no tiene el menor control. Ellos lo
gobiernan, y se expresan por sí solos bajo una u otra forma. Y cuando accidentalmente han
tomado tal o cual forma, esta forma, igualmente accidental, produce tal o cual acción sobre el
espectador según sus humores, sus gustos, sus costumbres, según la naturaleza de la hipnosis
en la cual vive. No hay aquí nada invariable, nada preciso. En el arte objetivo, por el
contrario, no hay nada impreciso.

—¿No hay riesgo de que el arte desaparezca al precisarse así? preguntó uno de nosotros. Y
¿no hay justamente una cierta imprecisión, un no sé que, que distingue el arte de — digamos,
la ciencia? Si esta imprecisión desaparece, si el artista mismo cesa de ignorar lo que quiere
obtener, si él sabe de antemano la impresión que su obra producirá en el público, entonces eso
será un «libro».. Eso ya no será arte.

—Yo no sé de qué habla usted, dijo G. Tenemos medidas diferentes: yo aprecio el arte según
la conciencia que tenga.

— usted lo aprecia tanto más cuanto más inconsciente sea. No podemos comprendernos. Una
obra de arte objetivo debe ser un «libro», como usted dice; la única diferencia es que el artista
no transmite sus ideas directamente a través de palabras, de signos o de jeroglíficos, sino a
través de ciertos sentimientos que despierta conscientemente y de una manera metódica,
sabiendo lo que hace y por qué lo hace.

—Ciertas leyendas, dijo entonces uno de los oyentes, hablan de estatuas de dioses, en los
antiguos templos de Grecia — por ejemplo la estatua de Zeus en el Olimpo — que producían
en todo el mundo una impresión bien definida, siempre la misma.

—Completamente exacto, dijo G. Y el hecho de que tales leyendas existan muestra que los
Antiguos habían comprendido la diferencia entre el arte verdadero y el arte falso; el efecto
producido por el primero es siempre el mismo, el efecto producido por el segundo es siempre
accidental.

—¿No podría indicarnos otras obras de arte objetivo? ¿Hay acaso algo que se pueda llamar
objetivo en el arte contemporáneo? ¿Cuándo ha sido creada la última obra de arte objetivo?
Casi todo el mundo había comenzado a hablar y a hacer preguntas de este orden a G.

—Antes de hablar de lodo esto, respondió él, deberían comprender los principios. Si los
comprenden, ustedes mismos serán capaces de responder a todas estas preguntas. Pero si no
comprenden los principios, nada de lo que les diga les podrá explicar algo. Es en referencia a
esto que se ha dicho: mirarán con sus ojos y no verán, escucharán con sus oídos y no oirán.
"No les daré más que un ejemplo — la música. La música objetiva se basa enteramente en las octavas interiores. Y puede dar resultados precisos no solamente de orden psicológico, sino de
orden físico. Existe una música tal que congela las aguas. Existe una música capaz de matar
instantáneamente a un hombre. La historia de la destrucción de las murallas de Jericó por la
música es una leyenda de la música objetiva. La música ordinaria, cualquiera que sea, jamás
hará derrumbar murallas, pero la música objetiva verdaderamente puede hacerlo. Y no
solamente puede destruir, sino que también puede edificar. La leyenda de Orfeo está tejida
sobre tales recuerdos de música objetiva, porque Orfeo se servía de la música para enseñar. La
música de los encantadores de serpientes en el Oriente tiende hacia la música objetiva, pero
de una manera muy primitiva. A menudo, no se trata sino de una sola nota, apenas modulada,
y prolongada indefinidamente; en esta simple nota se desarrollan sin cesar las «octavas
interiores», y en estas octavas se desarrollan melodías que no se pueden oír, pero que pueden
ser experimentadas por el centro emocional. Y la serpiente oye esta música o, más
exactamente, la siente, y la obedece. Una música de esta clase, sólo que un poco más
compleja, haría obedecer a los hombres.

"Así, ustedes ven que el arte no es solamente un lenguaje sino algo mucho más grande. Y si
recuerdan lo que he dicho sobre los diferentes niveles del hombre, comprenderán lo que acabo
de decir sobre el arte. La humanidad mecánica está compuesta de hombres números 1, 2 y 3, y
naturalmente no pueden tener más que un arte subjetivo. El arte objetivo requiere por lo
menos relámpagos de conciencia objetiva; para estar en condiciones de recibir algo de ello, se
necesita una gran unidad interior y un gran dominio de si."

P. D. Ouspensky: Fragmentos de una enseñanza desconocida. En busca de lo milagroso.